
Sólo por decir algo, levantó la mano: un sinnúmero de ojos se posaron en aquella masa gelatinosa con sólo un par de cuencas vacías en medio. Los ojos; ojos sin parpados, sin cara; sólo ojos, y nada más, observaban nerviosos preguntándose: qué dirá. Y más aún: cómo lo dirá. Entonces, la masa gelatinosa con sólo un par de cuencas vacías en medio y la mano arriba alzó la voz. Y su voz era una explosión; así que explotó, y los rumores que lanzó se estamparon sobre los ojos sin parpados y sin cara y los dejó ciegos…
8 comentarios:
Tremenda respuesta. No les quedará más remedio que afinar el oído.
Besos a pares.
Hola Javier!
Estuve recorriendo tu blog y me gustó mucho.
Gracias por tu visita al mío. Ahí respondí a tu comentario.
Seguiré pasando por acá!
Un abrazo!
¡Vaya manera de expresarse!
Saludos.
Fantasía, dureza y crueldad. Triste final para unos ojos que no lo vieron venir.
Es un placer visitarte, Javier.
Me quedo por aquí.
Un saludo.
El peligro de la singularidad, sin duda.
Tremendo micro como acostumbras. La espera ha merecido la pena.
Un saludo.
Me hizo pensar en la vergüenza de hablar en público. “¡No me miren!”.
Javier, la repetición lo único que hacen es remarcar la ausencia. El final, todavía más terrible. Me gustó. (Tenemos pendiente tus textos y datos para la Antología virtual, no lo olvides).
Gracias a todos por sus comentarios; fueron muy nutritivos.
José Manuel, en breve te paso mis textos y datos.
Saludos y abrazos.
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